April 4, 2021
From Center For Stateless Society
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De Emmi Bevensee. Artículo original: Social-Anarchism and Parallel Economic Computation de 22 de junio 2020. Traducido en español por Kathiana Thomas.

Nota: He tratado de minimizar la teoría matemática y computacional para hacer esto más legible en general, pero donde se pone más complicado sólo escribí (párrafo matemático) antes del párrafo, pudiendo entender la pieza sin importar si lo leíste o lo saltaste.

Empezaré con una opinión potencialmente polémica. La mayoría de las ideologías económicas descentralizadas y de izquierda, como el p2p, la ecología social, el Game-b, el parecon, los anarquismos post-trabajo más modernos, el movimiento cooperativo, etc., son simplemente, en distintos grados, desviaciones o evoluciones del anarquismo social (construido a su vez de muchas maneras sobre diversas prácticas económicas indígenas). Como tal, me centraré en el anarquismo social como el centro de muchos radios de ideologías relacionadas.

Las dos principales dificultades que cualquier proyecto social-anarquista enfrentará en tratar de asignar bienes justa y eficientemente son: obtener datos confiables sobre la demanda y la oferta, para luego entonces solucionar la distribución de recursos escasos con preferencias rivales especialmente a mayores escalas de complejidad. Las redes de seguridad social que puedan ser planificadas de manera descentralizada a través del poder dual y similar, deben serlo. Redes sólidas de seguridad social deben planificarse hasta los límites de lo que podamos coordinar. Sin embargo, más allá de eso, debe haber otros métodos escalables para la coordinación económica. Estos métodos deben utilizar señales de valor precisas y mecanismos de retroalimentación para resolver las condiciones de rivalidad de una manera que utilice el conocimiento local de la gente. Esto es así tanto si estos métodos utilizan un medio de intercambio como la moneda como si no. Determinar cuánto podemos planificar es parte de la esencia del debate no sólo entre los austriacos y los comunistas, sino también entre los anarquistas sociales y los anarquistas de mercado (de cualquier sub-afinidad), así como de cualquier otra economía. Entender esto lo mejor posible nos ayuda a ampliar radicalmente las áreas de coordinación más allá del «cash nexus» (relación monetaria) y del mercado, sin sacrificar la eficiencia general.

El deseo Es Personal y Contextual

Marx había dibujado una imagen de pesadilla de lo que le ocurría a la vida humana bajo el capitalismo, cuando todo se producía sólo para ser intercambiado; cuando las verdaderas cualidades y usos desaparecieron, y el propio poder humano de crear y hacer se convirtió sólo en un objeto para ser comercializado. Entonces los creadores y las cosas hechas se convirtieron en mercancías, y el movimiento de la sociedad se convirtió en una especie de danza zombi, un torbellino sombrío en el que los objetos y las personas se confundían hasta que los objetos estaban medio vivos y las personas medio muertas. Las cotizaciones bursátiles volvían a actuar sobre el mundo como si fueran poderes independientes, exigiendo a las fábricas que se abrieran o cerraran, a los seres humanos reales que trabajaran o descansaran, que se apresuraran o se entretuvieran; y ellos, tras haber dado la transfusión que hacía que las cotizaciones bursátiles cobraran vida, sentían que su carne se enfriaba y se volvía impersonal en ellos, meros mecanismos para trocear las horas de trabajo. Dinero vivo y seres humanos moribundos, metal blando como la piel y piel dura como el metal, tomados de la mano, y bailando alrededor, y alrededor, y alrededor, sin ninguna manera de parar; los vivificados y los muertos, girando. … ¿Y cuál sería la alternativa? ¿La alternativa conscientemente organizada? Una danza de otra naturaleza, supuso Emil. Una danza al son de la música de uso, en la que cada paso cumpliera con alguna necesidad real, hiciera algún bien tangible, y por muy rápido que giraran los bailarines, se movieran con facilidad, porque se movían a una medida humana, inteligible para todos, elegida por todos. ~ Abundancia Roja por Francis Spufford

La planificación económica central es tan terrible y desastrosamente inmanejable como políticamente propensa al autoritarismo.1 Esto es cierto incluso sin los supuestos de los capitalistas austriacos burgueses, fetichistas del mercado, a la Ludwig con Mises Institute. Estos sujetos a menudo fallan al momento de considerar las muchas implicaciones tan obvias de sus críticas en sus propuestas tales como entre las masivas firmas corporativas y el ruido causado por la absurda desigualdad económica.2 Y sin embargo, Marx y sus sucesores estuvieron en lo correcto sobre qué tan fundamentalmente alienante es la estructura del mercado capitalista, pero tal como los Austriacos, él tampoco consideró como de igualmente cierto eso se trataba para una economía centralmente planificada (o en realidad, cualquier esquema masivo de centralización para problemas de conocimiento/coordinación).

Estas tensiones provocaron un deseo por algo sumamente humano que tome en cuenta las necesidades de todas las personas a la par que maximiza la eficiencia y minimiza las externalidades negativas. A fin de esto, muchos activistas aspirantes y teoricistas han propuesto (aunque no siempre por este nombre) alguna versión de anarco-comunismo como una manera de descentralizar tanto el cálculo matemático pesado de la coordinación así como también los problemas políticos de centralización autoritaria. Estas propuestas tienen su propio mérito que merece ser explorado incluso si fallan en algunos aspectos esenciales.

Dentro del pensamiento marxista, la Teoría del Valor-Trabajo, alternativa a la posteriormente concebida Teoría del Valor Subjetivo, representa una manera de retornar nuestro foco a la experiencia del trabajador mientras lo alejamos de la alienación producto de una Sociedad de intercambios y mercancías.3 O más precisamente, Marx estaba preocupado con la manera en que el trabajo es mercantilizado bajo el capitalismo y a través de la relación monetaria como cada vez más y más de nuestras vidas son consumidas por este. Esto tiene sentido cuando consideramos cosas como qué tanto apesta el trabajo, especialmente bajo el capitalismo. Pero Marx se percató de los muchos problemas fundamentales de coordinación que esto generaba al desarrollar un nuevo modelo económico, por lo que introdujo el concepto de «valor de uso» como una forma de solución sacada de la manga.

El problema es que el valor de uso es esencialmente otro término para el valor subjetivo.4 Al preguntar seriamente a muchos comunistas sobre esto a lo largo de los años y tratando de leer todo lo que pueda, la mejor respuesta que he obtenido tenía que ver con la forma en que, a nivel de un pequeño vecindario, generalmente se sabe quién es el que más necesita una nueva casa entre sus vecinos. Por desgracia para esta persona, esa interpretación refuta la planificación económica central.

¿Acaso el Zar de la planificación económica conoce personalmente las necesidades de todos en cada barrio con la sutileza de un vecino? ¡Por supuesto que no! Mucho menos podría cualquier autoridad centralizada (incluso sólo del barrio) entender sus deseos más complicados. En el peor de los casos, la comunidad vota si realmente se preocupa lo suficiente por las cosas que le importan. La información precisa del vecindario sobre estas complejas preferencias se enfrenta a los numerosos problemas de conocimiento y de preferencias reveladas frente a las declaradas, que los austriacos trataron de resolver y enfatizaron en la necesidad de «descubrir» (más información sobre esto en una sección posterior). Pero esta admisión no refuta necesariamente el anarcocomunismo o el parecon en sí mismos.

Escalar Nuestras Preferencias es Complicado

Cuando nos movemos del nivel de un Estado-nación hacia un pequeño vecindario como en muchas de las propuestas social-anarquistas, empujamos el problema del conocimiento varios escalones más cerca del individuo y reducimos el número de variables. Esto hace el problema más manejable. La planificación económica central de una economía absurdamente sobresimplificada y relativamente pequeña con programación lineal (o incluso con aprendizaje automático no lineal en un ordenador cuántico) puede llevar miles de años, incluso con un orden de magnitud de potencia computacional superior a la que la ley de Moore dice que tendremos en los próximos 100 años (y ni hablemos de que ley de Moore se está agotando).

(párrafo matemático) A pesar que el aprendizaje automático no-lineal tiene intuitivamente más sentido que el que nunca llegaría a tener la programación lineal y el socialismo conservador reaccionario de Cockshott, esto es de hecho menos, no más manejable. La programación lineal y convexa está en el conjunto P, mientras que la planificación económica a menuda se considera que es al menos NP y el aprendizaje automático generalmente amerita de más recursos que tanto el LP o la programación convexa. Incluso si la diagonal de Cantor no se cumple (la cual sí podría) y no necesitamos un conjunto de todos los posibles productos y precios (y climas, enfermedades, geografía, y demás conocimiento local) como X y Y en nuestra red neural, puede ser todavía inviable en los próximos milenios (asumiendo que la “Ley” de Moore se cumpla), si es que no resulta no computable para Turing.

(párrafo matemático) También necesitas de una función objetiva clara como en la programación lineal. Las ganancias y los precios funcionen bien para esto (incluso si no para cosas como… sostenibilidad ambiental) pero en vista de que no se tendría acceso a esto en una utopía comunista, puedes usar precios fantasmas. Pero de nuevo, esto se enfrenta de cara con las dificultades de establecer los precios exactos y dinámicos para toda una economía. Es en sí un poco tautológico también ya que este es probablemente el objetivo de la red neural. A fin de evitar esto, podrías establecer la función objetiva como lo que Kantorivich denomina «suministro dado» de bienes. Una parte importante de esto es que el simple hecho de establecer los sesgos como las proporciones relativas deseadas de cada producto en la economía es en sí mismo inmanejable como paso previo al funcionamiento de la red.

Francamente, ¿qué es peor, que un planificador central vote sobre la cantidad de porno que consumes en relación con los higos, o que todos los demos tomen decisiones sobre 10.000 millones de artículos por ti? Ambas cosas deberían parecer profundamente inquietantes.

Mientras más nos acerquemos al individuo como la fuente de la planificación, más se podrá optimizar el problema. Por ello, a pequeña escala o cuando lidiamos con preguntas más bien simples, la planificación se vuelve factible: un padre puede ser capaz de asignar recursos con mecanismos de retroalimentación e identificación de escasez a su hogar con una insatisfacción relativamente mínima (aunque hayan algunos bebés gritando). Un sistema matriarcal iroqués de viviendas comunales puede asignar alimentos de subsistencia y suministros de construcción al nivel de una pequeña aldea. Un gobierno socialista probablemente podría mantener bancos de alimentos bien abastecidos en todos los barrios importantes y proporcionar un transporte público bastante decente. Pero la complejidad del problema aumenta exponencialmente con el número de personas y variables que añadimos, especialmente si nuestro objetivo es sustituir el intercambio monetario por completo.

Nos toparemos con una complejidad exponencial similar en una economía en la cual los individuos tienen más opciones, tanto en términos de consumo como en términos de producción, como cada nueva opción debe ser entonces ponderada con respecto a otras. Diez mil personas u opciones más no usan 10,000 bits de computación, sino en cambio 100 millones más debido a las preferencias de cada nuevo agente u opción que tiene que ser ponderada con respecto a todas las demás. Como tal, nosotros creemos que incluso con el supuesto de un incremento masivo en el poder computacional, puede que todavía no seamos capaces de expandir sustancialmente el alcance de la planificación económica central (mucho menos de los sistemas democráticos que se necesitaría que los acompañasen). Es por esto que los economistas stalinistas tendieron a reducir la complejidad de cualquier manera posible, lo cual incluía limitar las opciones disponibles para los consumidores.5 Es por esto que también los comunistas de izquierda, como Rosa Luxemburgo, criticaron la represión de Lenin hacia los sindicatos democráticos y de responsabilidad local.

Las Comunas Solo Simplifican el Problema Parcialmente

Gran parte de las dificultades matemáticas y políticas de las economías de planificación centralizada provienen del hecho de no poder ahorrar tiempo resolviendo diferentes partes del problema al mismo tiempo en lugar de una tras otra (paralelización del procesamiento). Entonces, ¿la comuna no hace esto, en cierta medida, al menos de forma metafórica a como lo haría una visión idealizada de los «mercados libres»? Bueno, sí y no.

Sí, en la medida en que todo lo que podamos hacer para simplificar el problema es bueno y este paralelismo es efectivamente más rápido. Una comuna puede trabajar de forma similar a una empresa a la hora de hacer local la toma de decisiones, en aras de hacer el problema más manejable. Limita el número de variables. Limita el número de restricciones. Maximiza la cantidad de ruido aceptable. Sin embargo, debemos tener en cuenta que el ruido en la planificación económica son cosas como la muerte de personas por no recibir vacunas o externalidades negativas innecesarias que permitimos en proporción a la demanda de bienes (como la contaminación). Esta simplificación, por supuesto, se produce en el capitalismo y sus consecuencias han sido estudiosamente criticadas por marxistas y anarquistas. El problema no es que la gente sea necesariamente mala, sino que los mecanismos utilizados para tomar decisiones económicas simplemente no son lo suficientemente flexibles como para dar cabida a todas las preocupaciones y, como tal, la única forma en que el sistema puede prosperar es a través de la simplificación agresiva del problema.6

Una vez comprendidos los riesgos, cualquier forma de simplificación de los problemas ayuda a resolverlos con ciertas limitaciones, como el tiempo. Pero si una aldea o una red de aldeas deciden que quieren algo más allá de las economías de subsistencia y de las limitaciones de su geografía local y sus recursos humanos, entonces se empieza a tropezar de nuevo con los mismos problemas de complejidad.

(párrafo matemático) Sin adentrarnos demasiado en la maleza matemática, podríamos estar tentados de colapsar el inmanejable problema de la planificación económica en los procesadores paralelos para simplificarlos. Sin embargo, esto depende fundamentalmente de su independencia. Así que, podríamos asumir la independencia y esperar un resultado razonable a la Naive Bayes (recuerde, ineficiencia = muerte y sufrimiento en la planificación económica) o podríamos tratar de encontrar áreas que fueran lo suficientemente independientes como para justificar una sub-sección con el fin de utilizar la computación paralela haciendo que las comunas sean algo parecido a cómo funciona un ordenador GPU. Esta paralelización sería probablemente algo como la geografía o los bienes de demanda independientes; sin embargo, la idea básica de que la comuna podría actuar como estas subsecciones se vuelve rápidamente dudosa. En el ejemplo más simple, esto se debe a que a menudo requieren los MISMOS bienes de diferentes lugares y por lo tanto no son en realidad claramente divididos. Podríamos entonces suponer que, con la restricción añadida de la distancia del productor al consumidor final, añadida a su vez, a nuestro horrible rompecabezas, estos productos similares son en realidad productos diferentes según su ubicación de origen. Esto aumenta la escala del problema de forma necesaria, pero supone un problema para nuestra amistosa comuna. A saber, ¿qué sucede cuando necesitas un producto que viene de fuera de tu localidad? ¿O qué ocurre cuando 100.000 comunas necesitan 10 millones de productos de cada una de ellas y esa matriz de preferencias cambia cada segundo? Muy rápidamente se puede ver que el problema de complejidad en el conocimiento que deriva de la función NP para la coordinación de recursos nos deja estancados.

Somos Egoístas y Desinteresados

Los problemas a escala individual de realizar la distribución de recursos se repiten fraccionariamente a medida que te alejas más y más. De la misma manera que no se puede desear que desaparezca todo el egoísmo, tampoco se puede desear que desaparezca la preferencia de los grupos a escalas cada vez mayores. Son cuestiones en el espacio del problema, incluso si las personas son simultáneamente desinteresadas y egoístas. Como estas cuestiones están en el propio espacio del problema, lo mejor que podemos esperar es tener mejores incentivos para que la gente coopere. La cooperación y la competencia funcionan juntas en muchos aspectos aunque sean diferentes.

Incluso en un contexto de relativa igualdad y respeto mutuo entre todas las partes, todavía existe la pregunta espinosa de decidir sobre cuál es la mejor ruta a tomar. Tratar de remover el mercado de aquí no elimina la competencia, sino que más bien la camufla y la hace más perniciosa. Incluso si las personas actúan de una manera más altruista, continúan existiendo preguntas en torno a la distribución de recursos escasos que se escoden detrás de argumentos democráticos sobre necesidades mal definidas. Dado que la deliberación sin una moneda de curso dificulta el indicar la demanda con alguna fidelidad, los individuos, comunidades y federaciones se ven incentivadas a seguir a la deriva en dirección de los recursos acumulados, simplemente porque la evaluación precisa es extremadamente difícil. Este problema se denomina comúnmente «problema de la preferencia revelada», en el sentido de que lo que decimos o creemos que queremos, y lo que estamos dispuestos a poner en juego para priorizar, no suelen ser exactamente las mismas cosas. Para informar con exactitud de las preferencias reveladas sin que haya una forma de jugarse la vida en las elecciones, se necesitaría algún tipo de vigilancia elaborada de escaneo cerebral de las vastas contingencias de cada pensamiento en el cráneo de alguien. Probablemente no sea una solución deseable o factible a corto plazo. El problema de las preferencias reveladas es especialmente difícil cuando se trata de preferencias abstractas como los sentimientos. A medida que estas preferencias declaradas inexactas se amplían, conducen a una serie de incentivos perversos e ineficiencias.

En el caso más benigno, esto significa que los proyectos anarquistas a gran escala experimentan sobrecostes e ineficiencias similares a las que tenemos hoy en día. En el caso más distópico, esto significa que los individuos menos populares son incapaces de obtener bienes o servicios básicos como medicamentos, alimento o refugio de sus comunas. Así como las corporaciones recompensan a los más despiadados y manipuladores, la asignación colectiva de recursos puede llegar a entrelazarse más con un capital social informal; las necesidades del camarada popular y carismático serían escuchadas más fácilmente que las del torpe y solitario quien no ha dominado el posicionamiento social dentro del grupo o simplemente se opone a este.

Lo mismo ocurre con una comuna que intenta comunicar al siguiente nivel inmediato de la federación democrática, una copia instantánea, legible, y tal como en un Estado, de los vectores de preferencia de su territorio. Pero, de nuevo, incluso dentro de la comuna, cada persona que solicita al colectivo una medicación debe expresar la profundidad de su deseo con palabras y esperar que los representantes puedan comunicar, y que al final lo hagan, esa necesidad al comité de coordinación de la federación.

Toda esta coordinación desastrosamente lenta y súplica forzosa que ocurre a escala del mundo, es… bueno, aterradora y deprimente. También es una sutil recreación de la competencia que es tan horrible en el capitalismo y los mercados. La competencia entonces, ya sea en la comuna o a nivel del individuo, sirve a dos amos: sirve a la codicia/preferencia grupal y a la coordinación al meta-nivel de las preferencias reveladas. Encontrar el equilibrio de estos «trade-offs» es el gran problema de la economía.

El Intercambio Puede Apoyar la Resistencia

Todo lo que estoy diciendo puede verificarse empíricamente cuando observamos cómo se organizaron realmente las sociedades revolucionarias. Los Zapatistas, Rojava y la CNT-FAI introdujeron o utilizaron monedas sancionadas oficial y extraoficialmente para lubricar la asignación en paralelo a sus estructuras más social-anarquistas. Incluso Gelderloos, un anarquista estrictamente anti-mercado, reconoce esta necesidad en «Anarchy Works» (pág.76):

Los modelos económicos anarquistas van desde las comunidades de cazadores-recolectores y las comunas agrícolas hasta los complejos industriales en los que la planificación es llevada a cabo por sindicatos y la distribución se organiza mediante cuotas o una forma limitada de moneda.

Del mismo modo, muchas personas que se oponen a la colonización y los campesinos feudales han introducido sus propias monedas rebeldes ilegales para resistir los intentos de legibilidad de un Estado invasor y su moneda real obligatoria.7 La siguiente moneda Māori fue aparentemente parte de varias iniciativas para formar la solidaridad financiera indígena y los bancos colectivos para resistir los asentamientos Pākehā (colonizadores). El autor afirma:

Hay que tener en cuenta que Maungatautari era un importante centro de asentamiento Maorí [sic], y desde hacía tiempo era buscado por los europeos deseosos de cultivar sus tierras. La tierra se compró en 1873, pero el asentamiento se retrasó hasta 1881, debido a la oposición Maorí, e incluso entonces continuaron los problemas. La iniciativa Maorí en Maungatautari [el sistema bancario colectivo y la impresión de moneda] no fue bien recibida por la prensa Pakeha [sic]…

Y considerando que el pueblo Maorí ha sido gravemente perjudicado en sus tratos con estos europeos, quienes se han beneficiado en gran medida de ello; y considerando que nuestros corazones están muy apenados por este robo a nuestro pueblo: Que se sepa, por lo tanto, que nosotros, los jefes de las tribus mencionadas, reunidos en Consejo, hemos decidido crear un banco para el uso del pueblo Maorí.

A continuación, el autor describe cómo los beneficios del banco colectivo se utilizaron para apoyar una misión a Europa para renegociar el «Tratado de Waitangi [el documento fundacional de Aotearoa Nueva Zelanda], ese viejo tema tan querido por todos los oradores Māori». Los esfuerzos por crear bancos colectivos Māori o utilizar criptomonedas modificadas para la labor para la soberanía y descolonización continúan hasta hoy, a pesar de las complejidades y los obstáculos que puedan suponer.

Dinero Māori del Library of Auckland Special Collections y dinero de curso en la España anarco-sindicalista durante la Guerra Civil.

El reconocer las experiencias de quienes han luchado en contra de la autoridad supone dar cabida a una nueva capa tanto de complejidad como simplificación en lograr la intención socialista de igual acceso a las necesidades lujos de la vida para todas las personas.

Aceptemos la Dificultad de la Ayuda Mutua

Si el objetivo es hacer que la planificación económica pueda resolverse para satisfacer al máximo las necesidades de todos, entonces debería ser el objetivo subsidiario de toda sociedad radical determinar exactamente qué y cuánto puede optimizarse aceptablemente con la planificación y para cuántas personas en un momento dado. Luego, usar eso como una restricción por encima de cualquier algoritmo descabellado y proceso democrático que intentemos implementar. Todo lo que esté por encima o más allá de esas cifras tendría que determinarse mediante algún tipo de proceso totalmente distribuido de bucles de retroalimentación de señales de valor análogo al modo en que se supone que funcionan los mercados.8 Ese es el cálculo sobre qué tanto de una red de seguridad puede una comunidad planificar y qué necesita señalar con precisión para asignar a escala. Diseñar con la vista puesta en la resolución de este conjunto de problemas básicos significa no obviar aspectos como: los problemas de las preferencias reveladas frente a las declaradas, la escasez de insumos materiales, las escalas contextuales de las preferencias y los problemas de coordinación/conocimiento en la toma de decisiones colectivas. Deberíamos construir tantas tiendas gratuitas como sea humanamente posible, pero sin depender de manera suicida de ellas para satisfacer todas las necesidades de una sociedad.9

La comuna anarco-comunista puede, al menos teóricamente, proporcionar alguna base para una sociedad de redes, mutualista híbrida, más compleja; incluso si en sí misma es incapaz de trascender las cuestiones del espacio de problemas de la coordinación económica a escala. En última instancia, desplazar el foco de atención aún más hacia el individuo hace que los problemas sean máximamente manejables, pero eso no tiene por qué excluir varias formas de interdependencia y planificación comunitaria. Podemos utilizar las herramientas y la sabiduría contenidas en la amplia gama de social-anarquismos, incluso trascendiendo los dogmas ideológicos fallidos que obstruyen a muchos seguidores.

Ampliando la gama de mecanismos de coordinación social, tanto de alta como de baja tecnología, junto a los sistemas de señales de valores dirigidos y controlados por la comunidad, podemos proponer una especie de neo-mutualismo claramente futurista y, sin embargo, históricamente fundamentado. A través de una combinación de recuento​ honesto, experimentación e innovación técnica, podemos crear una malla económica verdaderamente futurista que aproveche los puntos fuertes y los conocimientos de una amplia gama de filosofías y prácticas económicas. Al fin y al cabo, la sabiduría, las preferencias y las necesidades de cada individuo son lo que, en última instancia, constituye el núcleo de cualquier sistema económico en el que merezca la pena vivir.


Notas

1. Más sobre esto en los recursos al principio de este MES pero vale la pena decir que aunque muchos de los economistas austriacos hicieron apologética fascista y llegaron a conclusiones absurdas incluso por sus propios argumentos, vale la pena leer ampliamente sobre el debate del cálculo porque desafortunadamente incluso personajes cuestionables hacen puntos importantes a veces.

2.

• Organization Theory o Desktop Regulatory State de Kevin Carson echan una mirada a esto pero también este artículo acerca de cómo las corporaciones son economías centralmente planificadas.

• The History of an Idea: Or How an Argument Against the Workability of Authoritarian Socialism became an Argument against Authoritarian Capitalism, de Roderick T. Long.

• La pieza del The Crooked Timber con respecto a la cual este artículo es algo así como una extensión del nicho.

3. Kevin Carson intenta superar esta división con ideas como la desutilidad subjetiva del trabajo en Studies in a Mutualist Political Economy. Sobre si lo consigue queda como ejercicio para el lector (lo siento, chiste de matemáticas).

4. Excepto los que creen en un valor de uso metafísico objetivo para cualquier objeto, el cual si eres tú… ahhhhhh.

5. Obviamente, es necesario al menos un cierto grado de decrecimiento y no toda opción de consumo es necesaria o sostenible. Sin embargo, dejar esa reducción de la complejidad en manos de un organismo centralizado es una elección peligrosa y además sofoca diversas formas de innovación a los márgenes.

6. Aunque casi no hace falta decirlo, para saber más sobre esto hay que leer «Seeing Like a State» de James C. Scott. En él muestra las diversas compensaciones y riesgos inherentes a los esquemas simplificados de «legibilidad», sin descartar por completo el valor de la cuantificación o la estandarización.

7. Véase este interesante intercambio entre William Gillis y Peter Gelderloos para ahondar en la complejidad de este debate. (The Tangled Paths Of State Formation And Resistance y Defying Power: Diferentes puntos de vista sobre la mejor manera de entender la evolución del Estado)

8. El proyecto de Value Flows (que se está llevando a cabo en Holochain) es un ejemplo interesante de un proyecto que reconoce la necesidad de señales de valor y, al mismo tiempo, trata de crear un vocabulario económico que reconozca las múltiples formas en que interactuamos entre nosotros y la red de sus externalidades.

9. Vale, quizá hayas estado en una Casa punk. Tal vez vivas en una Casa Punk. ¿Conoces esa caja libre de cartón que se cae a pedazos, de ropa exclusivamente negra con manchas de sudor y agujeros? Imagina que dependes de una versión más grande de ella para todas tus necesidades humanas básicas cada día y que si no tiene lo que quieres, no hay más opciones que esperar que alguien te lo «regale» (pero tampoco puedes comunicar directamente que la quieres o se acabará el altruismo del regalo) : ( Las cajas y tiendas gratuitas son inequívocamente buenas pero peligrosamente incompletas en cuanto a soluciones completas se refiere).




Source: C4ss.org